How I met David Bazan

Hoy he visto por primera vez a David Bazan. Pensé que sería un tipo mucho más bruto o engreído, pero solo es mucho más detallista, un esteta que nos ha llevado con cada canción hasta el final, hasta donde no hay ninguna pega, hasta lo perfecto.

Perfecto ha sido conocerle aquí y en un concierto en el que apenas eramos cien, en un día con tanto calor que incluso su retraso de media hora, gracias al aire acondicionado, ha merecido la pena. De postre a la salida una tormenta increible y por sorpresa que sintonizaba con todo.

Últimamente, y con últimamente quiero decir los ultimos muchos meses, la música de David es la única que suena. La que uso todo el rato para cualquier cosa.

Es dificil convenceros de que ha sido uno de los conciertos más emociomantes que he visto en años, y he visto unos cuantos, pero creedme si os digo que ha habido conciertos más esperados, más grandes, más llenos, pero que este ha sido mi concierto.

 

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Hogar sin dirección, patria del polvo

He encontrado hoy la excusa perfecta para escribir en el blog una poesía. Qué tontería.

Como si fuera necesaria una excusa; una excusa para mí porque qué más me da lo que piensen ustedes ni qué se yo si les gusta o les asusta la poesía. Pero poner una poesía se me hacía raro.

Hoy, abriendo sin querer un libro de poemas de esos que tanto les asustarían, he encontrado una poesía, qué ironía, y me ha gustado tanto y me la he leído tantas veces que la he dejado escrita aquí, pero escondida.

Acabo de leer a Muñoz Molina que hoy, como todos los días, no se esconde y escribe bien tarde algo que siempre me gusta mucho. Hoy ha escrito una poesía. Si el bueno de Muñoz Molina puede -de quien tan cerca me siento últimamente cuando pienso en que estoy tan lejos- yo me atrevo.

Viene el amante,
si mi hogar tuviera domicilio,
si mi cuerpo tuviera habitación,
si mi alma lecho,
mi brazo sería su almohada,
mi corazón, su tibio té del sueño,
mi alma, su primera esposa.

Llega el enviado, trae una misiva del iletrado amor
al domicilio erróneo: en nombre del azar yo la recibo.

Viene el amante,
si mi amor tuviera la forma de una sortija,
la pondría en tu anular

para sellar nuestra nupcial separación
de cada cosa.

Viene el amante,
con su incesante carta
de amor en blanco.

Hogar sin dirección, patria del polvo en el Libro del abandono / Javier Acosta, 2010

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Libros que no se pueden sino tocar

Si en algo pienso mucho últimamente es en cómo vamos a inventarnos un futuro en el que los libros se distribuyen por internet, leyéndose de cacharro en cacharro, si no sirve todo eso para nada más que completar una experiencia que es una de las más deliciosas experiencias desde hace mucho, mucho tiempo: leer el papel, tocarlo, saber de qué manera está construido, dar con las pistas que te lleven a encontrarlo.

El primer libro se escribió en el barro y eso, que sí suena desesperanzador, significó en su tiempo la verdadera revolución técnica y cultural que era perfecta porque servía para lo que tenía que servir: apuntar cosas que no se debían olvidar, cosas que otros deberían leer.

El barro era parte del mensaje, como después el papiro y el papel, el soporte contaba cosas sobre dónde se escribían los libros, quién los escribía y por qué.
Muescas, detalles, particularidades y errores que probablemente se perderán en los lectores de libros electrónicos, aunque compensen por una buena sartenada de cosas. La comodidad, la rapidez y la difusión son las claves de tu tiempo, así que sonríe.

Vivir el tiempo en que todo esto está por hacer es realmente un premio. Como a todas, me encanta leer a Craig Mod y cómo habla sobre el cariño que hay que ponerle al diseño de los libros, aunque no sean de papel, para cuidar la experiencia, para inventarla.

De cualquier manera a mí me cuesta mucho ver en la industria del libro el patrón de la industria de la música, con todo lo que ha pasado y todos esos golpes de ciego, que es lo que más teme todo el mundo. Aquí en USA, la bancarrota de Borders (la que era una de las cadenas de librerías más grandes y supuestamente rentables del país), cerrando librerías a lo loco, ha hecho contener la respiración a libreros mucho más pequeños, editoriales y distribuidoras tradicionales de papel. La deuda que les deja Borders con todos los libros que debía vender y no ha vendido hace pensar que si bien no vamos a inventar unas nuevas tabletas de arcilla de un plumazo (porque quizá no hagan falta) sí podemos creernos que lo próximo va a ser: libros bajo demanda.

Esto es caballo ganador para Seth Godin y su Domino Manifiesto, del que hay que estar muy atento.

Aquí las bibliotecas, que son muchas cosas que nada más bibliotecas, tienen claro que algo hay que hacer y sienten orgullosas su papel; yo siento el orgullo de saber que el reto ahora está en complementar la vivencia de lo remoto, en ofrecer algo más para compensar, para completar. Nosotros estamos planeando unas cosas que ya verás…

También pienso que de una manera u otra, si se trata de leer los libros en el artilugio que sea o si hay que pedirlos con señales de humo, esto, esta sensación de tocar, que a duras penas sale en las fotos, no deberíamos dejar que acabara nunca.

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The Music Box Theatre

La primera vez que entré al Music Box apenas llevaba unas semanas en la ciudad, y llegué hasta él siguiendo algunos carteles en la calle. Anunciaban un maratón de cine de terror, el Massacre, con pases de algunas de las películas que uno tiene que ver al menos una vez en su vida en un cine repleto de gente, palomitas y café.

Leí muy poco sobre el teatro y de las pocas cosas que sabía es que estaba en Southport, rodeado de algunos teatros y cines con peor suerte ya cerrados o en ruinas. Southport fue un barrio que acogió los pequeños teatros de la ciudad cuando todos los teatros eran grandes, y se hacían los grandes espectáculos y se estrenaban las grandes pelis.

Era 1929 y Whitey, como todos conocían en el barrio a su dueño, abrió las puertas del Music Box y no las cerraría hasta 1977, año en el que murió. Después de él, que cuidó de ese teatro como si fuera su propia casa aunque viviera a un par de manzanas de allí, se abriría esporádicamente para pasar películas porno.

Dicen que Whitey es el fantasma del Music Box y que si te lo encuentras en el pasillo no puedes dejar de darle las gracias.

En el año 1983 volvieron a relanzar el cine ocupando el pequeño espacio que siempre ocupan las películas extranjeras o independientes en una ciudad como esta, dejándolo intacto, convirtiéndose hasta hoy en el agradable lugar en el que ver películas que se escogen, donde puedes sentirte incómodo y al mismo tiempo afortunado en las ancianas butacas, agradecido porque, en fin de semana, un organista te recibe en la sala hasta que empieza la película. En un sitio para ir a cantar el Rocky Horror Picture Show o a llorar Casablanca.

En mi cine favorito para siempre.

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Tres de los últimos proyectos de cuando estaba allí

Creo que la sensación que desde aquí se tiene del tiempo, de cuánto ha pasado o cuánto queda, es relativa y caprichosa. Parece que hace mucho que participé en todos estos proyectos, pero en el fondo no hace tanto y si cierro fuerte los ojos puedo recordar las reuniones, los rotuladores de colores y las vueltas, todas las vueltas.

Ha pasado y no ha pasado tanto tiempo y tantas cosas que por eso voy a dejarlo escrito aquí, escribir tres de los últimos proyectos en los que estuve trabajando (con la familia) en The Cocktail.

→ Canal + es quizás el proyecto que más recordaré de mis últimos seis años llenos de proyectos, por muchas cosas. Cuando he entrado esta noche a buscar alguna imagen bonita que poner me he encontrado con esta home y me he quedado sin palabras. Hay que ser muy valiente para hacer algo así, y yo prefiero a los valientes.

Home de Canalplus.es


→ Telepizza y Telepizza Facebook fue uno de esos proyectos que empiezan con un “Deberíamos hacerlo, ¿no?” y esos, esos siempre terminan bien. También es un proyecto importante por un millón de motivos.

Telepizza Facebook


→ Creo que diseñar para la Administración pública tiene todos los inconvenientes del mundo, pero si todo sale bien, si tienes suerte y trabajas duro puede ser una de las experiencias más gratificantes. Siento que después de este proyecto es más fácil explicar qué es el CSIC, para qué sirve y qué va a estar haciendo durante un tiempo, y es algo que como ciudadana me parece bien. Así las cosas, decidme si esta portada no es la más valiente de todas las portadas, aunque dé un poco de yuyu.

Home CSIC

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Hay algo en tu scroll infinito que no me gusta, y es tu scroll infinito

Si hay algo que de verdad me parezca una mala idea es el scroll infinito.

Hay algunas buenas intenciones en estas decisiones de diseño:

  • Recorrer mucho más rápido mucha más información potencialmente enorme
  • Molar

Pero creo que aunque lo bueno no está mal, hay algún inconveniente importante:

  • Es difícil volver a un sitio en concreto. Difícil y a veces imposible, por eso los menús de paginación o numeración son útiles, porque es más fácil saber en qué lugar te quedas viendo cualquier cosa, que recordar cuánto tiempo te llevó encontrarla
  • Perdemos el contexto. Si mostramos demasiada información, o es seguro que toda es lo mismo, o perderemos un interesante valor de contexto (que es algo que puede ser muy útil para interconectar una información y otra)
  • En serio, no mola tanto

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Algunas cosas estúpidas y otras importantes al otro lado

Es emocionante estar viviendo ciertas cosas desde este lado. Algunas bastante estúpidas y otras mucho más importantes que hacen de estar a este lado una fiesta.

El primer episodio realmente emocionante fueron las elecciones federales y legislativas de USA. Emocionante ver cómo la mayoría de los americanos con los que seguí los resultados o con los que estuve días después se echaban las manos a la cabeza y a la vez los número subían y subían en el mapa. Todos rojos. La sensación era que la gente estaba votando equivocada, aunque no era así, están convencidos de utilizar los resultados como castigo. A mi no me gusta mucho cómo funcionan estas cosas.

Otro episodio mucho más divertido fue ver el programa de Conan el día que entrevistaban a Eisenberg y él hablaba de España y allí se montaba la marimorena. Aquí no, aquí como si nada, aquí la anécdota no ascendió de chiste o chascarrillo, pero yo estaba viendo el programa el lunes, en directo, a las 11 de la noche, estaba ahí, ¡lo vi! … Bueno, da igual.

El episodio más esperando de la temporada era Thanksgiving. No sabía si estaría a la altura, pero finalmente las cosas fueron sucediéndose (sin parar) durante los cinco días que duró todo. Una primera cena de Thanksgiving como no hubiera podido dirigir Jodie Foster con Steph, su familia, amigos de la familia, amigos de Steph, amigos de los amigos de todo el mundo. Todos en una cocina sin parar de preparar cosas, probando las que otros traían y como no podía ser de otra forma, todo acabó en un salón donde nos sentaríamos todos. Un salón – bar.

Si después de todo eso quedaban fuerzas había que unirse al batallón del Black Friday. Black Friday no significa otra cosa que celebrar que los números dejarán de ser rojos y empezarán a vender como locos y a convertir los números en eso, en números negros.
Lejos dejamos las filas de gente acampando bajo cero en las puertas de las tiendas y al día siguiente, con el frente despejado, fuimos a dar (a comprar) una vuelta.

Dos días después seguíamos comprando pavo y dando las gracias por todo en nuestro coqueto piso de Wicker Park.

El último episodio desde aquí es trend topic allá donde llegue la vista: el episodio Wikileaks. Ha ocurrido cuando yo estaba aquí y, vale que al final la historia es caprichosa y no recordará esta batalla, como no recuerda otras batallas, pero no deja de parecerme una guerra de ideas, una de esas guerras románticas y dramáticas, comprometidas. Assange me recuerda un poco a uno de esos voluntarios del Batallón Lincoln, uno de esos valientes que al final lo pierden todo.
Aquí el tema se trata con cuidado, no hay demasiadas noticias, de hecho ninguna casi ninguna en periódicos locales, y se dicen pocas cosas, síntoma de que hay cierta preocupación. Es difícil encontrar conversaciones, debates y yo no dejo de sentir que van a pasar muchas cosas, con una mezcla de emoción y miedo, expectación, tensión.

También han llegado los -10 grados para dar los buenos días.

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Un sitio pequeño y bonito con butacas de esas que se echan hacia atrás

El viernes se inauguró en Chicago el Festival de Nuevo Cine Español en el Gene Siskel Film Center.
Tenía que ir por algunos motivos: necesitaba conocer ese cine, un cine frente al Chicago Theater donde entraban Ebert y Siskel con sus pulgares, para hablar de todas esas pelis.

Roger Ebert & Gene Siskel

El cine de enfrente ahora se llama Gene Siskel y yo tenía que conocerlo. Es un sitio pequeño y bonito con butacas de esas que se echan hacia atrás y donde ponen palomitas en sobres de cartón.

Había un pase de La Isla Interior; película que me habían recomendado mucho y que me había resistido a ver. No hay ningún gran motivo, hay una desconexión entre yo y el cine español y nunca le he dado la menor importancia. Me juego mis cuartos a los Goya y por eso a veces me doy mucha prisa y veo muchas pelis, y la mayoría no me dicen nada. Hay mucho de ese cine y yo que no tenemos nada que ver.

Creo que la última a por la que fui a conciencia y con ganas al cine fue Celda 211, y antes de esa Rec. Creo. Y por eso, por hacer de esas discretas ocasiones algo importante lo otro, la desconexión, aplica a casi todo lo demás.

La Isla Interior

Pero esta vez no. Me gusta de lo que habla La Isla Interior, me gusta porque está hecha con casi nada, me gustan los actores, me gustan todos, están perfectos, y me gusta el guión, y me gusta muchísimo San Juan y mucho Candela Peña y mucho esa frase que dice, esa sobre que si no pueden hacerlo solos no tienen más remedio que reconocer que se necesitan.

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A la peor tormenta de los últimos setenta años: estoy lista

Cuando me he despertado esta mañana no parecía verdad que tanto agua llegase de repente y en lugar de caer hacia abajo hiciera espirales en el cielo hasta volver a caer -o a subir- hacia arriba. En serio.

Yo no tengo miedo al invierno, ni al viento, ni a la peor tormenta de los últimos 70 años. Además los días lluviosos son siempre mis mejores días; ese y no otro es mi superpoder.

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Me estoy enamorando (otra vez)

Cuando hace 6 meses decidí que venía a Chicago a trabajar en una biblioteca sabía y no sabía a lo que venía. Llevo 6 años haciendo diseño de interacción, diseñando la forma en que las personas interactúan con la tecnología y desde allí, hace 6 meses, no sabía cómo serían los puntos que lo unirían todo.

Después no es tan dificil, está tirado. Se trata de seguir diseñando servicios de información para que las personas consigan hacer lo que necesitan.
Yo además era consultora, o lo soy, no sé ya, soy consultora y eso significa separar el problema de la solución con la mayor elegancia posible y eso, eso hay que hacerlo en esta biblioteca todos los días.

Pero aún hay más, también tienes que moverte entre miles de libros escogiéndolos y disfrutándolos, sabiendo que están ahí para alguien y vienen de algún sitio. Es emocionante elegir cualquier pasillo y coger un libro, uno cualquiera, y tener la sensación de que eso no puede acabarse nunca y, ay, creo que me estoy enamorando. Otra vez.
Las cosas cambian de repente pero no te cambian tanto. Sigues enamorándote de lo mismo casi toda la vida.

Luego de eso ya está todo lo demás que yo sé y para lo que he venido, y es llevar el romanticismo de las montañas de libros, de los pasillos, las esquinas robadas para leer, a sitios donde todos las vean. Sí amigos, a internet. Estamos en eso, en todo.

Ahora para mí las páginas vistas son métricas imposibles y las visitas son eso, visitas. Personas que vienen a por algo que tú puedes darles.

Hay algo de inocente y bonito en volver a aprender algo que habías olvidado, cuando vuelves a encontrártelo con otros ojos, y así podría pasarse la vida entera aprendiendo y olvidando y aprendiendo, y que no tener memoria fuera una suerte.

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