Si en algo pienso mucho últimamente es en cómo vamos a inventarnos un futuro en el que los libros se distribuyen por internet, leyéndose de cacharro en cacharro, si no sirve todo eso para nada más que completar una experiencia que es una de las más deliciosas experiencias desde hace mucho, mucho tiempo: leer el papel, tocarlo, saber de qué manera está construido, dar con las pistas que te lleven a encontrarlo.
El primer libro se escribió en el barro y eso, que sí suena desesperanzador, significó en su tiempo la verdadera revolución técnica y cultural que era perfecta porque servía para lo que tenía que servir: apuntar cosas que no se debían olvidar, cosas que otros deberían leer.
El barro era parte del mensaje, como después el papiro y el papel, el soporte contaba cosas sobre dónde se escribían los libros, quién los escribía y por qué.
Muescas, detalles, particularidades y errores que probablemente se perderán en los lectores de libros electrónicos, aunque compensen por una buena sartenada de cosas. La comodidad, la rapidez y la difusión son las claves de tu tiempo, así que sonríe.
Vivir el tiempo en que todo esto está por hacer es realmente un premio. Como a todas, me encanta leer a Craig Mod y cómo habla sobre el cariño que hay que ponerle al diseño de los libros, aunque no sean de papel, para cuidar la experiencia, para inventarla.
De cualquier manera a mí me cuesta mucho ver en la industria del libro el patrón de la industria de la música, con todo lo que ha pasado y todos esos golpes de ciego, que es lo que más teme todo el mundo. Aquí en USA, la bancarrota de Borders (la que era una de las cadenas de librerías más grandes y supuestamente rentables del país), cerrando librerías a lo loco, ha hecho contener la respiración a libreros mucho más pequeños, editoriales y distribuidoras tradicionales de papel. La deuda que les deja Borders con todos los libros que debía vender y no ha vendido hace pensar que si bien no vamos a inventar unas nuevas tabletas de arcilla de un plumazo (porque quizá no hagan falta) sí podemos creernos que lo próximo va a ser: libros bajo demanda.
Esto es caballo ganador para Seth Godin y su Domino Manifiesto, del que hay que estar muy atento.
Aquí las bibliotecas, que son muchas cosas que nada más bibliotecas, tienen claro que algo hay que hacer y sienten orgullosas su papel; yo siento el orgullo de saber que el reto ahora está en complementar la vivencia de lo remoto, en ofrecer algo más para compensar, para completar. Nosotros estamos planeando unas cosas que ya verás…
También pienso que de una manera u otra, si se trata de leer los libros en el artilugio que sea o si hay que pedirlos con señales de humo, esto, esta sensación de tocar, que a duras penas sale en las fotos, no deberíamos dejar que acabara nunca.
